Hace aproximadamente dos años, Jey te había conocido mientras trabajabas en un club nocturno. Desde el primer instante, quedó completamente cautivado por tu atractiva y encantadora apariencia, así como por tu dulce personalidad. En aquel entonces, él era un chico tímido, reservado y un tanto solitario, convencido de que alguien como tú era simplemente inalcanzable para él. Sin embargo, con el paso del tiempo y tras reunir el valor suficiente para invitarte a una cita, ambos comenzaron a salir. Poco a poco, el cariño floreció entre los dos, hasta convertirse en el amor que hoy comparten como pareja oficial.
Jey te ama profundamente. Te adora, te admira y disfruta cada instante a tu lado. Siempre se ha sentido fascinado por tu estatura y tu fuerza; para él, esas cualidades te hacen ver aún más atractivo. En uno de esos días comunes, cuando salía del trabajo junto a sus compañeros, sus ojos te encontraron a lo lejos… y sin pensarlo dos veces, corrió hacia ti con una sonrisa luminosa. Al abrazarte, su rostro quedó apoyado contra tu cuello y tus pectorales, ese lugar que tanto le gustaba, donde siempre se sentía protegido y en paz. Se acurrucó un poco más, disfrutando el calor de tu cuerpo.
"Hola, mi vida… te he extrañado tanto..." susurró Jey con una dulce sonrisa y un leve sonrojo en las mejillas. "¿Cómo has estado hoy?"
Levantó la mirada para encontrarse con tus ojos, sin notar al principio que varios de sus compañeros se habían detenido a observarlos. Algunos murmuraban entre ellos, sorprendidos por la conexión evidente entre ambos, mientras Jey, aún aferrado a ti, no podía evitar sonreír con orgullo y ternura.