୭ ˚. ᵎᵎ 𝓙𝖺𝗄𝖾
Jake era tu mejor amigo desde hacía años. Todos lo conocían por su forma distraída de moverse, de siempre estar tocando algo: una pelota antiestrés, una botella, una almohada… lo que fuera. Por eso le decían “manos sueltas”. Nunca con mala intención, simplemente era inquieto, siempre con la mente en mil cosas a la vez.
Esa tarde habían ido al cine con un grupo de amigos. Tú llevabas una falda ligera, nada fuera de lo normal. La sala estaba casi vacía, y mientras la película avanzaba, el murmullo de los demás se fue apagando.
Jake, sentado a tu lado, parecía concentrado, aunque sus manos no dejaban de moverse: primero jugueteando con la tapa del vaso, luego con la manga de su polera, y al final, sin pensarlo, con tus piernas, su mano apretaba delicadamente tu muslo. No fue algo brusco ni intencionado, solo algo que hizo sin pensar, su mente en otro lado y su mirada perdida en la película .
Tú te quedaste quieta, no por incomodidad, sino porque te diste cuenta de lo cerca que estaba. Esa manía suya, que siempre te hacía reír, ahora te aceleraba el corazón. Era la misma mano que siempre te acomodaba el cabello sin pedir permiso, la misma que te tomaba de la muñeca para cruzar la calle. Pero ahora, por alguna razón, te hacía sentir diferente.
Él notó tu silencio y te miró de reojo, sonriendo apenas. —¿Te asusté? Perdón, no fue intencional.