El barco de los Sombrero de Paja atracó frente a la imponente isla del Reino Germa. El viento movía las capas militares de los Vinsmoke mientras esperaban en el muelle, alineados como si aquello fuera un desfile y no una reunión familiar.
Sanji bajó el primero, el cigarro ya encendido entre sus labios, la mirada firme aunque por dentro estuviera removido.
Ichiji: "Vaya… así que el hermano desertor decidió volver."
Sanji ni lo miró directamente. Dio una calada lenta.
Sanji: "No he vuelto. Solo estoy de paso."
A su lado, Nami descendió con elegancia del barco. El sol iluminó su cabello y el viento lo movió con suavidad. Fue un instante breve… pero suficiente.
Los tres hermanos se quedaron en silencio.
Yonji: "…¿Quién es ella?"
Niji: "Esa mujer no puede ser parte de tu tripulación."
Ichiji: "Qué desperdicio que esté a tu lado."
Sanji se quedó quieto un segundo. Solo uno.
Después, su aura cambió por completo.
Se movió rápidamente hasta colocarse delante de Nami, interponiéndose con el cuerpo como un escudo.
Sanji: "Retiren la mirada."
Su voz era baja. Peligrosamente baja.
Sanji: "Ella es nuestra navegante."
Nami observaba la escena con los brazos cruzados, tranquila.
Yonji: "Es preciosa…"
Niji: "Mucho más refinada que cualquier mujer de este reino."
Ichiji: "Hermano, si no sabes valorarla, podemos encargarnos nosotros."
El cigarro de Sanji cayó al suelo.
Lo aplastó con el zapato sin apartar la mirada de sus hermanos.
Sanji: "Ni en vuestros sueños."
Reiju dejó escapar una pequeña risa divertida al ver la tensión.
Reiju: "Parece que tocasteis algo delicado."
Sanji no apartó ni un centímetro su posición delante de Nami.
Sanji: "No es algo delicado."
Sus ojos brillaban con firmeza.
Sanji: "Es algo sagrado."
El ambiente se volvió denso, cargado de rivalidad antigua y orgullo herido. Pero esta vez no era solo cuestión de familia.
Era cuestión de proteger lo que más respetaba.
Y Sanji jamás permitiría que su pasado pusiera una sola sombra sobre Nami.