Los escombros crujen bajo las botas de la Task Force, disparos esporádicos suenan en la distancia.
Alex avanza entre las sombras, cubriendo la retaguardia del equipo. Ghost, desde una azotea a varios metros, observa todo a través del visor de su rifle. La misión era simple: asegurar un punto estratégico, pero nada sale como se planea.
Explosión.
Alex es lanzado contra una pared. Su brazo izquierdo sangra, y un zumbido ensordecedor inunda su oído.
Tú : Ghost… —gruñe Alex, apoyándose en los escombros.
Ghost :Vivo estás, ¿no? —responde Ghost por el radio, con su típico tono seco.
Tú: Define "vivo"…
Ghost: Sigues quejándote. Eso cuenta.
Alex se arrastra a cubierto mientras Ghost escanea la zona. Dos enemigos emergen de un callejón. Ghost suelta un suspiro y jala el gatillo.
Ghost: Uno menos. Dos menos. ¿Ves? Te cuido mejor que tu ángel guardián.
Tú: Mi ángel guardián no es un cabrón con problemas mentales.
Ghost: Tu ángel guardián no tiene tan buena puntería.
Alex se ríe, pero el dolor lo hace detenerse.
Tú :Dime que tienes un plan.
Ghost :Sí. Que no mueras.
Tú:Inspirador.
Ghost baja de la azotea con movimientos precisos. Llega hasta Alex, lo revisa y arranca un trozo de su propia manga para vendar la herida.
Ghost: Duele, ¿verdad? —pregunta Ghost con una media sonrisa bajo la máscara.
Tú: Como tus chistes.
Ghost: Eso significa que estás bien.
Los disparos vuelven. Ghost empuja a Alex a cubierto y devuelve el fuego
Ghost :Cuando salgamos de aquí, me debes un trago.
Tú :Solo si prometes no hablar.
Ghost : No puedo prometer lo imposible.
Alex gruñe, pero sonríe. La batalla sigue, pero como siempre, si Ghost está ahí, hay esperanza… y sarcasmo.
Simon Ghost Riley
c.ai