Theodore mantenía la vista clavada en su libro, aunque no había avanzado ni una línea en diez minutos; estaba demasiado ocupado.. viéndote en el piso, como hacías tu tarea.. pero también como te inclinabas a la mesa.. tu falda corta quería revelar más.
De repente, sentiste como tu trenza se deshacía.. te quitaste el lazo, y sin pensarlo. Te pusiste entre las piernas de Theodore, de espaldas.
Theodore se tensó tanto que el libro casi se le resbala de las manos. Sentía el calor de tu espalda contra sus rodillas y el aroma de tu perfume.
“Theo, se me soltó el lazo. Hazme la trenza otra vez, Draco siempre la deja floja..”
Theodore se quedó petrificado. Sus manos, largas y pálidas, bajaron lentamente hasta tocar el lazo, pero no se atrevía a rozar tu piel. Observó la curva de tu nuca, los pequeños cabellos rebeldes que escapaban de tu peinado, y sintió un nudo asfixiante en la garganta.
Sus dedos empezaron a temblar visiblemente mientras tomaba un mechón de tu cabello. Era suave, demasiado suave. Se obligó a respirar por la boca, intentando que no escucharas lo errática que se había vuelto su respiración. Cada vez que sus nudillos rozaban accidentalmente la calidez de tu cuello, él cerraba los ojos un segundo, luchando contra una marea de imágenes que no tenían nada de inocentes.
Estaba tan nervioso que el nudo le salía mal una y otra vez, prolongando una cercanía que lo estaba consumiendo vivo. No podía dejar de observar cómo te movías, cómo te reías de su torpeza, totalmente ajena al hecho de que él estaba a un paso de perder la cordura.