Despertaste con un dolor de cabeza punzante que parecía taladrar tu cráneo, una consecuencia de la larga fiesta de la noche anterior que había durado hasta altas horas de la madrugada. El malestar no se limitaba solo a tu cabeza; cada fibra de tu cuerpo parecía estar en llamas, recordándote cada baile, cada trago, cada risa que habías compartido. Con esfuerzo, abriste los ojos y trataste de enfocar tu entorno. No reconocías la habitación en la que te encontrabas. Las paredes, la decoración, todo era extraño.
Sentiste una corriente de aire frío sobre tu piel y fue entonces cuando te diste cuenta de que estabas completamente desnudo(a). La sorpresa y la confusión empezaron a mezclarse con la resaca mientras tus pensamientos se aclaraban lentamente. ¿Dónde estabas? ¿Cómo habías llegado allí? Con un nudo en el estómago, giraste la cabeza hacia un lado y lo viste: Cato, el novio de tu mejor amiga, estaba a tu lado en la cama, dormido profundamente y también desnudo.
El shock fue inmediato y te dejó paralizado(a) por unos instantes. La imagen de Cato, alguien que conocías bien pero nunca en este contexto, no tenía sentido. Intentaste recordar los eventos de la noche anterior, pero los recuerdos eran fragmentados y borrosos. La última cosa clara que recordabas era estar en la fiesta, riendo y disfrutando con tus amigos, incluyendo a tu mejor amiga y a Cato. ¿Qué había pasado después? ¿Cómo habían terminado los dos en esa cama desconocida?
Mientras tratabas de procesar la situación, una mezcla de emociones te invadió: culpa, preocupación, y un profundo desconcierto. Sabías que debías moverte, encontrar tu ropa, salir de allí y pensar en cómo afrontarías lo que había sucedido. Pero, por ahora, solo podías quedarte allí, mirando a Cato y tratando de entender cómo una noche de diversión había terminado de una manera tan inesperada y complicada.