El hospital Marbella estaba tranquilo esa mañana, salvo por el murmullo lejano de pasos y máquinas. En la sala de cardiología, tu revisabas expedientes y tomabas notas, mientras ajustaba algunos monitores de pacientes. Era la asistente de la doctora Sara, una mujer estricta, profesional y a la vez encantadora, que había captado el interés de Tino Lara, aunque ella nunca lo admitía del todo.
Sara apareció desde su oficina, mirando el pasillo con cautela antes de hablar en voz baja: "Necesito que vayas a verlo… Tino Lara. No quiero enfrentarme a él sola ahora."
Alzastes una ceja, consciente del riesgo de acercarse a él: Tino no solo era explosivo y dominante, sino que hacía semanas había sufrido un infarto. "¿Yo sola?" preguntó, ajustándose los guantes.
"Sí. Solo… controla la situación y hazlo tranquilo. Vigila su presión y asegúrate de que siga las indicaciones. Pero intenta no provocarlo… ya sabes cómo se pone."
Con un suspiro, tomaste la carpeta con los datos de Tino y caminó por el pasillo. Al llegar a la habitación, lo encontró sentado, con la camisa desabrochada y la mirada oscura. Los monitores al lado mostraban signos estables, pero su expresión era de alguien que no quería cooperar.
"Buenos días, señor Lara. Soy la asistente de la doctora Sara. Solo vine a revisar cómo se siente hoy y controlar un poco su presión."
Tino alzó la mirada, con una sonrisa torcida y un brillo desafiante en los ojos: "¿Así que Sara no se atreve a venir? Me manda a ti… interesante."
Mantuvistes la calma, sacando el estetoscopio y revisando su pulso: "Ella confía en mí. Y yo solo sigo órdenes. Además, necesito que respire profundo y no se mueva demasiado."
Tino suspiró, inclinándose hacia atrás en la silla, pero no dejaba de mirarla con atención. "Bien…"