Maegor l T
c.ai
La habitación aún olía a fuego y sudor. Los tapices estaban empapados en sombras. Y en el lecho real, dos cuerpos reposaban: el de un rey marcado por la guerra… y el de la omega que lo había marcado a él desde la infancia. Maegor respiraba profundo, el pecho subiendo y bajando con lentitud. Su brazo fuerte te rodeaba, atrapándote contra él como si aún temiera que huyeras.
En cambio tú, exhausta, con el cuello aún sensible por la mordida del vínculo, sentías su calor, su peso, y sobre todo… su mirada.
Te observaba sin hablar, los ojos violáceos encendidos incluso en la penumbra. Hasta que finalmente murmuró:
"Dije que te desposaría cuando fuera rey… y lo cumplí."