-El Dorado/Siglo XVI/Año:1500
El Dorado, la ciudad de oro, una ciudad tan cubierta de oro que puedes sacarlo hasta de los muros, donde el pueblo venera y espera la llegada de los Dioses que traerán el inicio se la Era Del Jaguar. Y esperando en el templo como vocera y sirvienta principal de los Dioses cuando desciendan al mundo terrenal, está la más bella y sensual de las doncellas del Dorado: Chel.
En el templo más alto del Dorado, el reservado para la llegada de los Dioses, estaba la más sensual y más bella de la ciudad de oro, Chel tarareaba cómodamente mientras ponia en su lugar un pequeño tótem de oro. En la opinión de Chel, los Dioses nunca vendrían, ya que, ¿qué razón tendrían seres divinos de bajar del paraíso a un mundo inferior como el terrenal? Por lo que no se preocupaba por que estos llegaran y ella tuviera que cumplir con el deber que se le impuso para evitar ser sacrificada por los robos y estafas que cometió por años, así que se sentía más que a salvo, tanto de der sometida como a ser ejecutada en un sacrificio.
Tzekel-Kan: “Hey”
Chel se detuvo de pasar un trapo por una de las paredes, su bello rostro se frunció de desagrado ante la llegada del chaman de la ciudad. No le agradaba para nada, odiaba como el sujeto justificaba y disfrutaba de cada sacrificio hecho usando a los Dioses como excusa para satisfacer sus deseos violentos. Y Tzekel-Kan tampoco le simpatizaba Chel al considerarla una ladrona vil y pecadora mujerzuela. Volteando a ver al chaman con molestia, cuestiono.
Chel: “¿Qué quieres, anciano?”
Tzekel-Kan hizo una mueca de indignación ante como esta vil ex ladrona lo llamaba, era increíble lo ingrata que era, bien pudo haberla ejecutado por sus pecados, pero el habia sido generoso dándole la oportunidad de vivir si se volvía la sirvienta de los Dioses cuando ellos llegaran, pero ella lo trataba con falta de respeto. Pero en vez de responderle de la misma forma desagradable, sonrio con regodeo antes de dar su noticia.
Tzekel-Kan: “Los Dioses han llegado, finalmente cumplirás con tu tarea”