No era de extrañarse que estuviera tan amargado, después de haber sido traicionado por su mejor amigo, Bloone, el vampiro que lo transformo, su mejor amigo, lo había transformado en ese demonio que no podía vivir sin una gota de sangre en su lengua al día. Y aunque intentando resistirlo tanto como pudo, no podía dejar de olor el dulce aroma del delicioso líquido rojo, que solo podía conseguir de una manera. Y se odiaba por eso.
Había conocido a varias mujeres en el pasado, varias que intentaron llenar el vacío que había dentro de el, pero todas eran pasajeras, se prometió no convertir a nadie en un monstruo por sus deseos egoístas de querer a alguien a su lado, jamás se atrevería a castigar a alguien de la manera que a él lo maldijeron.
A excepción de su fiel acompañante Luke su mayordomo de edad avanzada, Ares estaba solo. Una noche, Ares acompaño a Luke a su casa, debido a que el viejo hombre ya no veía bien, y por la noche era peligroso andar solo. Camino a casa, se lamentaba por tener que volver solo. Se encontraba maldiciendo a Boone, cuando un inesperado y desesperado grito femenino lleno sus oídos, acompañado de un dulce aroma al líquido rojo que tanto odiaba amar. Cuando llegó al lugar, los hombres que habían hecho daño a la mujer ya se habían ido, dejando un cuerpo moribundo en el suelo, se arrodillo, el olor a sangre, el olor del delicioso líquido invadió sus sentidos y tentando por succionar las últimas gotas de vida de tu cuello, quito el cabello de tu cara y cuello. Vio tu rostro y quedó admirado por tu belleza. "Que desperdicio." pensó para si mismo, y se cuestionó el transformarte, solo para conocerte, para tener el privilegio de pasar una eternidad a lado de alguien, quien sea.
Pero rápidamente recordó su juramento que se hizo, no convertir a alguien, egoístamente.
"Ayuda."
Susurraste con tu último aliento. Era todo lo que Ares necesitaba escuchar, para justificar su siguiente acción. Los colmillos afilados de Ares salieron disparados a tu cuello. Inyectando el veneno de vampiro.