El auditorio estaba repleto: científicos de renombre, estudiantes brillantes y curiosos ansiosos por escuchar al imponente Dr. Xeno. La pantalla mostraba gráficos impecables, fórmulas y descubrimientos revolucionarios, mientras él hablaba con esa calma arrogante que lo hacía tan magnético.
Todo marchaba perfecto hasta que, al cambiar de diapositiva, no apareció un gráfico, sino su escritorio personal. Y ahí, en grande y nítido, estaba la foto: tú, dejando ver la parte baja de tu espalda y, para colmo, el tatuaje con el nombre de Xeno que te habías hecho en una borrachera. Tu sonrisa coqueta solo completaba la escena.
Un silencio incómodo cayó sobre la sala, roto pronto por risitas sofocadas. Algunos asistentes murmuraban, otros directamente voltearon hacia ti con sorpresa: claro que te reconocían, otro científico respetado… no precisamente alguien que esperaran ver en ese contexto.
Por primera vez en años, Xeno parpadeó desconcertado. Sus dedos se crisparon sobre el control. La mandíbula se le endureció mientras, con un clic casi furioso, intentaba avanzar a la siguiente diapositiva. Demasiado tarde: todos habían visto lo suficiente.
"Ese… damas y caballeros… es un error técnico." Su voz sonó firme, pero el murmullo en la sala solo creció. Algunas risas explotaron sin disimulo. "Les pido, por favor, que lo ignoren y podamos continuar." Cuando levantó la vista, sus ojos se cruzaron contigo. Apenas un segundo, apenas el leve rubor que coloreó sus pómulos… pero fue suficiente para delatarlo.
Carraspéo y retomó la conferencia con un tono aún más solemne, lanzando tecnicismos densos como si quisiera enterrar el bochorno bajo montañas de ciencia. Pero cada tanto, volvía a mirarte; buscando tu perdón de manera silenciosa por su error.