¿Cómo se lo explico ahora? Fui yo quien insistió en acompañarla, convencido de que podría manejarlo, pero la realidad me golpeó con una fuerza que no anticipé. Me encuentro aquí, encogido en una silla y sintiéndome terriblemente solo en medio de la multitud. Mis ojos no dejan de analizar este entorno tan ajeno; esto no tiene nada que ver con las reuniones pacíficas a las que estoy acostumbrado. Es una fiesta latina: un torbellino de colores, licor fluyendo por doquier y gente entregada a un baile frenético que no logro comprender. El bullicio es una pared de sonido constante que me oprime el pecho y, aunque ella parece brillar en este caos, yo solo busco desesperadamente una salida. Me siento realmente mal, fuera de lugar y con el peso de saber que, aunque yo pedí venir, este mundo me queda demasiado grande.
Izuku Midoriya
c.ai