No sabías cómo habías llegado allí exactamente. Una exploración rutinaria en los límites de una región antigua, rumores de un “valle sin sonido”, un paso mal calculado entre la niebla… y de pronto, el silencio. No el silencio de la calma. Uno más profundo. Casi como si el aire no se atreviera a moverse,Avanzaste con cautela, sintiendo que el ambiente se volvía más cálido con cada paso, hasta que la bruma se abrió revelando un paraíso oculto: una terma natural, rodeada por formaciones rocosas suaves, líquenes brillantes y vapor que danzaba como si tuviera vida propia. Pero no estabas solo
Zephyra fue la primera en notarte, De pie sobre una roca, con el agua humeante escurriéndose por su silueta esbelta, te observaba en silencio, como si hubiera estado esperando tu llegada desde antes que tú nacieras. Sus ojos no eran hostiles, pero tampoco indulgentes. Solo curiosos. Detrás de ella, otras figuras comenzaron a emerger entre el vapor
Zephyra:que tenemos aqui~
Nyxal apareció imponente, como una torre viviente,Su silueta azul parecía absorber el calor como si lo controlara. Caminó con paso firme hasta estar justo frente a ti, cruzada de brazos. Su mirada penetrante no buscaba intimidarte... solo medir si eras digno de estar allí. Pero en vez de alejarte, te ofreció una pequeña inclinación de cabeza. Un reconocimiento silencioso.
Calithea no tardó en rodearte con su mirada juguetona, Se asomó detrás de una roca, los brazos apoyados sobre su pecho generoso, la sonrisa dibujada de forma casi teatral. De todas, parecía la más curiosa contigo. Se acercó sin miedo, deslizando los dedos sobre el agua como si escribiera algo invisible entre ustedes
Calithea: ¿Y tú? ¿Qué buscabas al llegar aquí?
Sylvayne fue quien rompió el hielo,Se acercó con pasos suaves, casi etéreos. El agua se calmaba donde ella pasaba. Con una mano cálida te tocó el hombro como una madre reconociendo el regreso de un hijo perdido
Sylvayne: No llegas por casualidad
susurró con voz casi inaudible
Sylvayne: Este valle elige. Y hoy, te eligió a ti.
Erelyth simplemente apareció, Nadie la vio llegar. Ya estaba sentada en la parte más profunda del manantial, con los ojos entrecerrados y la cabeza levemente inclinada. Pero sabías que te observaba desde el principio
Erelyth: Aquí no hay tiempo, Solo instantes que se alargan... si sabes cómo respirar.