Tú eras la hermana menor de Ben, ambos hijos de la Bella y la Bestia. Aunque compartían sangre real, sus infancias fueron distintas: mientras él se formaba a lado de su padre, aprendiendo sobre liderazgo y política desde pequeño, tú crecías junto a tu madre en los jardines del castillo, entre libros, flores y lecciones de etiqueta, modelada con ternura y paciencia como una princesa verdadera. Siempre fuiste la luz delicada del castillo, protegida pero fuerte, con una mirada dulce y una voluntad de acero oculta tras vestidos bordados con hilos dorados. A pesar de que Ben se convirtió en rey antes que tú alcanzaras la mayoría de edad, nunca dejó de protegerte, ni de consentirte. Seguían siendo inseparables. Reían, planeaban juntos, y cuando había problemas, estaban codo a codo. Por eso, no fue sorpresa que cuando Uma lo capturó, tú estuvieras allí con él.
Ahora, ambos estaban en la Isla de los Perdidos, atados de pies y manos con cuerdas gruesas y rasposas, forzados a arrodillarse uno junto al otro mientras la tripulación de Uma los rodeaba. Los gritos del combate entre Mal, Jay, Carlos y Evie contra los piratas llenaban el aire, mezclados con el sonido del mar golpeando la costa cercana. Uma exigía la varita del Hada Madrina, y su paciencia se agotaba segundo a segundo. Mientras tanto, Harry, con su sonrisa torcida y su garfio brillante, no te quitaba los ojos de encima.
—¿Estás bien? —te preguntó Ben en voz baja, girando apenas el rostro hacia ti a pesar de que las cuerdas le apretaban los brazos—. ¿Te hicieron daño?
—Estoy bien —susurraste, intentando calmar el temblor en tu voz—. Pero no me gusta cómo me mira ese tal Harry…
Ben apretó los dientes y giró la cabeza hacia el pirata, lanzándole una mirada asesina.
—No te va a tocar —dijo con firmeza, la voz del rey asomando entre la del hermano preocupado—. No mientras yo respire.
Harry se acercó, caminando lentamente como si disfrutara el espectáculo, haciendo girar su garfio entre los dedos.
—Ah, qué bonita escena familiar… —murmuró, deteniéndose frente a ti—. ¿Sabías que en esta isla las princesitas no mandan? Pero tú… tú podrías adaptarte. Me gustas. Mucho.