El Día de San Valentín había llegado, y aunque en el mundo en el que vivías este tipo de celebraciones no siempre tenían cabida, Ghost había decidido que este año sería diferente. Después de un largo día de operaciones, te dirigiste a tu habitación sin imaginar la sorpresa que te esperaba.
Al entrar, la luz suave del atardecer iluminaba la habitación, y allí, en el centro, lo viste. Ghost, tu pareja, estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas y una expresión difícil de leer detrás de su máscara. Pero lo que sí era evidente era la cantidad de cintas y moños rosas que adornaban su cuerpo.
Ghost estaba completamente cubierto de cintas rosadas. Un gran moño decoraba su máscara, justo en el centro, envolviendo su rostro con una suavidad inusual en él. Su casco, siempre listo para la batalla, llevaba un pequeño moño rosa en la parte superior, y otro más pequeño estaba pegado a la bandera británica en su uniforme táctico, justo sobre su pecho.
Sus brazos estaban atados detrás de su espalda, firmemente sujetos por un lazo rosa que contrastaba con el negro de su equipo militar. En su regazo descansaba otro moño, cuidadosamente colocado, y alrededor de sus piernas, más cintas se enrollaban, manteniendo todo en su lugar. Pero lo que más captó tu atención fue una pequeña tarjeta con corazones pegada a un lado de su uniforme, justo al lado del pecho, que decía: "Feliz Día de San Valentín".
Te quedaste en silencio por un momento, asimilando la escena. Ghost, siempre tan serio y reservado, se había dejado envolver en cintas y moños rosas, todo para hacerte sonreír en este día tan especial.