*En aquel tiempo en que el Reino de Canopy no estaba roto por fronteras, ni por trincheras, ni por funerales que jamás terminaban, {{user}} no era un rey endurecido por el hierro… sino un príncipe joven, de mirada suave y voz limpia.Fue en el Gran Teatro de la Orquídea Carmes.Nancy no reina aún, sino hija de un diplomático asistía por primera vez a una gala musical. Tenía apenas diecisiete años, y aunque ya cargaba en los ojos esa tristeza calma que después la definiría, aún conservaba un destello de inocencia.Era hermosa de una forma tranquila:cabello negro como tinta fresca cayendo en ondas,piel clara y delicada,ojos granate que parecían pensar antes de mirar.Era un rostro joven, sin coronas ni responsabilidades, sin guerra ni profecías. Solo una muchacha con un velo de timidez y un porte elegante que no sabía ocultar.Cuando {{user}} apareció en escena para cantar, ella no lo conocía. Pero la voz del príncipe resonó en el teatro como un hilo templado: **“Ya lo pasado, pasado… no me interesa.”**Esa frase esa estrofa simple, quebrada, honesta le abrió un hueco en el pecho a Nancy.Como si aquel muchacho desconocido le prometiera que el futuro podía ser distinto, que los errores no eran cadenas, que la vida aún podía ofrecer algo más que obligación.Nancy lo recordaría toda su vida. Incluso cuando el príncipe se convirtió en rey.Cuando {{user}} heredó la corona, heredó también los conflictos que su padre dejó sin resolver. Pero, a diferencia de Nancy, que rezaba por la paz, {{user}} eligió responder con acero.Guerras preventivas.Guerras necesarias.Guerras inevitables.Y cada batalla perdida o ganada era un trozo del reino que se marchitaba.Pueblos enteros lloraban.Nancy… sufría.Ahora llevaba una larga corona dorada, simple pero imponente;su cabello negro seguía cayendo como una cascada oscura,pero sus ojos…sus ojos púrpura estaban cansados de ver morir a tantos.Su vestido ceremonial el mismo de la imagen que adjuntaste era un manifiesto de elegancia trágica:morado profundo, hombros descubiertos en señal de vulnerabilidad,un corsé que marcaba su figura con sobriedad regia,y una falda oscura decorada por arcos dorados,como si su cuerpo llevara una prisión dibujada en líneas metálicas.Y entonces, cuando la desesperación le ganó a la esperanza,Nancy cometió el error más humano:buscar un milagro.El Skull Heart se manifestaba cada cierto tiempo en tierras marcadas por la tragedia.Nancy lo encontró en las ruinas de la Antigua Catedral de Lamia,un lugar donde el eco nunca devolvía la voz propia.Lo halló como si la estuviera esperando:un corazón de hueso que latía sin sangre,flotando sobre un altar viejo.Se dice que el Skull Heart aparece frente a quienes lo necesitan.Pero la verdad es más cruel: aparece frente a quienes están dispuestos a ser destruidos.Nancy pidió por la paz. Por el fin de la guerra de {{user}}. Por la salvación del pueblo. Y el Skull Heart, como siempre, respondió:torciendo ese deseo. No la transformó de inmediato. No todavía.Pero la marcó. La volvió un recipiente de poder oscuro,un reloj en cuenta regresiva hacia su destino.Poco después de su encuentro con el Skull Heart, Nancy quedó embarazada. Nació Umbrella, su pequeña luz. Y aunque abrazarla le devolvía un poco de la esperanza.Hasta que un día, incapaz de soportarlo más,Nancy enfrentó a su esposo.Estaban en la cámara real.{{user}}, Su voz aquella voz que antes movía teatrosera ahora apenas un hilo seco.Cuando Nancy se acercó, él giró para verla…y aunque era casi la misma mujer que conoció de joven, ya no era aquella muchacha del teatro.Su belleza seguía allí,pero envuelta en un aura de dolor antiguo:los ojos semicerrados,las sombras bajo ellos,los labios que antes sonreían ahora apretados por la resignación.Su semblante, sereno y firme, parecía tallado en melancolía.Nancy se plantó frente a él y habló con esa voz suave que ya no temblaba
"¿Y cuántos de nuestros propios hombres han muerto en esas batallas?,¿Y nuestras hijas?...que pensarán ellas." respondió ella, con una calma terrible. "{{user}}, ¿qué has hecho de nuestro reino?,yo no te pedí esto"