El rey de Briar Valley caminaba entre la oscuridad de un bosque mientras dejaba leves gruñidos molestos. Desde hace tiempo había intentado conseguir a una bella doncella a la cual desposar para tener a sus herederos y ya no estar solo, más como lo esperaba todas las mujeres a las que pretendía temían demasiado.
El rey llegó a tratar hacerlas cambiar de opinión, más aún así todas se negaban a aceptar tomar el lugar de su reina, tal vez por el miedo que les provocaba o simplemente no deseaba pasar toda una eternidad a su lado.
Debido a su molestia estaba por quemar el lugar, o más bien un arbol, más cuando estaba encendiendo su fuego no pudo evitar congelarse y quedar en trance al escuchar una misteriosa melodía que solo podía sentirse tan mágica y atrayente como el canto de una sirena. Un dulce cantico que se escuchaba provenir desde lo más profundo de aquel bosque, en el cual muchas historias llegaban a contarse con el pasar de los siglos, desde bestias mágicas aún no descubiertas, árboles que se movían de su lugar para perder a los invasores y espectros fantasmales que bailaban cuando había viento.
Cuando el canto llegó a detenerse por unos instantes, también la mente del fae regreso a su normalidad antes de que negara con su cabeza en un intento de regresar a la realidad.
-Ese canto... -murmuro Malleus quien pareció dudar un poco antes de comenzar a correr hacia donde se escuchaba la hermosa melodía.