La noche había caído sobre el campamento provisional, el aire cargado de tierra, humo y ese persistente olor metálico que sólo las balas dejan detrás. Los motores estaban apagados, el perímetro asegurado, y cada uno de los Ghosts se dispersaba en su propio rincón de agotamiento.
Hesh no lograba quedarse quieto.
Caminaba en círculos, con el fusil descargado apoyado en su hombro, fingiendo revisar los alrededores. Pero la verdad lo carcomía por dentro. Sus ojos te seguían a cada paso, sin que lo notaras. O eso quería creer.
Te habías sentado cerca del fuego, donde Logan, con una venda mal envuelta en el antebrazo, te hablaba. Se notaba que intentaba hacerte reír. Y lo lograba. Esa pequeña curva en tu boca, esa sonrisa leve y cansada, le retorcía algo en el pecho a Hesh.
No era celos. Al menos no en su forma más simple. Era algo más enredado. Confusión. Tormento.
Logan era su hermano. Lo conocía de memoria, sabía leerlo mejor que a nadie. Y sabía cuando Logan no solo hablaba, sino que intentaba acercarse. Hesh no podía culparlo. Era fácil sentirse atraído por ti. Lo difícil era ignorarlo.
Así que cuando todos se fueron a dormir, él no lo hizo. Se quedó, apoyado contra un poste, observando el fuego casi apagado. Y cuando te acercaste, con una manta doblada en los brazos, él te miró con el gesto tenso.
—Deberías estar dormido, {{user}}—. Se limita a decir.