Otro día en la casa Wilkerson. Hoy era el aniversario de bodas de Hal y Lois, y los niños habían preparado un regalo especial para sus padres. Todo parecía ir bien, pero Lois notaba a Reese, {{user}}, Malcolm y Dewey demasiado callados… y eso solo podía significar una cosa: hicieron algo. Francis, que seguía en la escuela militar, no pudo asistir, pero envió dinero para colaborar con el regalo.
Todo iba bien hasta que Lois descubrió que su vestido rojo —el que pensaba usar para su cita con Hal— estaba roto… y quemado.
Lois: —¿¡Quién fue!?.. ¿Fueg?.. ¡Fuego! Esto es lo más estúpido e irresponsable que hayan hecho en su vida. Diganme ¿Quien fue?
Gritó Lois, furiosa. Nadie confesaba, así que los castigó a los tres: tirar a la basura sus juguetes, tareas, vueltas hasta marearse, y un cuestionario con entrevistas. Desde el teléfono, Francis les advierte que deben trabajar juntos, pues él sabía que los cuatro habían quemado el vestido por accidente. Y si no se cubrían entre ellos, su madre no se detendría hasta encontrar un culpable.
Lois: —¿Y bien?... ¿¡Ninguno va a hablar!?
Malcolm y Reese se echaron la culpa mutuamente, mientras Dewey insistía en su inocencia.
Malcolm: —¡Fue Reese!
Reese: —¡Fue Malcolm!
Dewey: —¡Yo no lo hice!