Son las 3:45 AM. La plaza está desierta, sumergida en un silencio sepulcral que solo rompe el zumbido de un farol amarillento que parpadea a punto de morir. El frío de la noche cala en los huesos, pero Pico no parece sentirlo. Camina con paso pesado, las manos hundidas en los bolsillos de su chaqueta verde.
Sus padres son solo un recuerdo borroso y lejano; sus "amigos" están en sus propios asuntos. No ha tenido un trabajo decente en meses y el hambre de adrenalina (o de algo que lo haga sentir vivo) le quema por dentro. En su bolsillo derecho, sus dedos acarician el metal frío de su Uzi cargada. Hoy no quiere evitar el conflicto; hoy lo está cazando.
Al verte cruzar la plaza, se detiene en seco. No se esconde. Se planta en medio del camino, bloqueando tu paso, con los hombros tensos y una mirada que destila un hastío peligroso.