Peter Parker
    c.ai

    Últimamente, algo en ti había cambiado. Peter lo había notado desde hacía semanas, aunque al principio prefirió atribuirlo al estrés o al cansancio. Pero con cada día que pasaba, la distancia entre ustedes se volvía más evidente. Ya no lo besabas como antes, ni siquiera permitías que se acercara demasiado. Era como si cada intento suyo por abrazarte o tomarte de la mano fuera rechazado con un pretexto o un gesto de incomodidad.

    Peter se repetía que probablemente era su imaginación, que tal vez él estaba exagerando. Pero no podía ignorar la manera en la que apartabas la cara cuando intentaba besarte. O cómo esquivabas sus brazos cuando te rodeaban por la cintura. E incluso, cuando estabas acurrucada a su lado en el sofá, siempre parecía haber algo que te hacía apartarte.

    No sabía cómo decirte que se estaba volviendo loco. Que las dudas se acumulaban en su mente como un enjambre de pensamientos venenosos. ¿Había hecho algo mal? ¿Había dejado de gustarte? ¿Había alguien más?

    Y hoy, finalmente, Peter ya no pudo contenerlo. Había llegado temprano a casa con la intención de sorprenderte. Había comprado comida de tu restaurante favorito, y su plan era sencillo: una cena juntos, sin distracciones, para intentar acercarse a ti nuevamente.

    Sin embargo, cuando entraste en la cocina y el aroma de la comida te golpeó, retrocediste de inmediato con una mueca de asco. Llevaste una mano a tu boca y respiraste hondo como si estuvieras conteniendo la náusea.

    —“¿Estás bien?” —preguntó Peter, alarmado.

    —“Sí… solo… el olor es demasiado fuerte”—murmuraste, evitando su mirada.

    Peter frunció el ceño. No era la primera vez que reaccionabas así. De hecho, cada vez que él se acercaba con su perfume habitual, te alejabas con rapidez, como si algo en su aroma te repugnara.

    —“¿Es por mí?” —preguntó de repente, su voz tensa, sus ojos reflejando la inseguridad que había intentado ocultar durante tanto tiempo.