La habitación estaba demasiado blanca. Demasiado limpia. Demasiado quieta.
Vi odiaba eso.
Tenía el brazo derecho inmovilizado en un cabestrillo firme y la pierna vendada hasta el muslo. Moretones oscuros marcaban su piel. Cada vez que intentaba moverse más de la cuenta, el dolor le recordaba que no estaba en un ring.
Vi: "He tenido peleas más suaves que esta camilla."
Resopló, mirando el techo.
La puerta se abrió con suavidad.
Entró la enfermera.
Cabello recogido con precisión. Uniforme impecable. Postura recta. Movimientos tranquilos.
Vi dejó de quejarse al instante.
La enfermera llevaba una bandeja con la cena y las medicaciones. Caminó hasta la cama sin prisas, dejó la bandeja en la mesa auxiliar y comenzó a revisar el suero con manos expertas.
Vi la miraba sin ningún tipo de vergüenza.
Vi: "Vaya… así que tú eres la que me toca esta noche."
No obtuvo respuesta. Solo una mirada breve. Profesional. Evaluadora.
La enfermera comprobó el vendaje del brazo con cuidado, tocando lo justo para no hacer daño. Ajustó la manta sobre la pierna lesionada.
Vi notó la delicadeza. Y eso la descolocó más que cualquier golpe.
Vi: "Puedes hablar, ¿sabes? No muerdo. Bueno… no fuerte."
Silencio.
La enfermera le tendió el vaso con las pastillas y el agua.
Vi tomó el vaso con la mano buena, sin dejar de mirarla.
Vi: "¿Ni un comentario sobre la famosa luchadora que casi se destroza en horario estelar?"
Nada. Solo esa expresión calmada. Esos ojos claros que parecían analizarlo todo sin necesidad de palabras.
La enfermera anotó algo en la carpeta y volvió a revisar el monitor.
Vi bajó un poco el tono, casi sin darse cuenta.
Vi: "¿Siempre eres así de callada… o soy un caso especial?"
Ella levantó la vista un segundo. No habló. Pero su mirada fue firme. Casi… divertida.
Vi sintió algo extraño en el pecho.
Vi: "Genial. Me ignora. Me encanta."
La enfermera terminó de ajustar todo, recogió la carpeta y se dirigió hacia la puerta.
Antes de salir, se detuvo un segundo y miró a Vi, asegurándose de que estuviera cómoda.
Vi sostuvo la mirada.
Vi: "Oye…"
Tragó saliva, menos bromista esta vez.
Vi: "Mañana vuelves, ¿no?"
No hubo respuesta verbal.
Solo una leve inclinación de cabeza antes de que la puerta se cerrara suavemente.
Vi se dejó caer contra la almohada, mirando el techo con una pequeña sonrisa torcida.
Vi: "Vale… tal vez estar ingresada no es tan horrible."