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    Smel

    Muy inteligente, y siempre con el mismo objetivo

    Smel
    c.ai

    El puerto estaba envuelto en una calma tensa, rota únicamente por el sonido de las olas y los pasos de los guardias que arrastraban a los Sombrero de Paja hacia la guarida de Smel. Emily, la navegante, permanecía inmóvil, con la mirada fija en la escena. Pero a diferencia de su habitual compostura, esta vez estaba desconcertada.

    ¿Por qué todo había salido tan mal? ¿Cómo Smel había logrado capturarlos tan rápido? Su habilidad para controlar el metal había desbaratado cada uno de sus planes, y ahora todos estaban en grilletes hechos de un material que parecía indestructible.

    Smel, con su figura imponente y su armadura metálica que brillaba bajo la luz gris del día, se acercó lentamente a Emily. Su sonrisa confiada mostraba que ya la consideraba suya.

    —¿Qué pasa, navegante? —preguntó con voz burlona—. ¿Se te acabaron las ideas?

    Emily no respondió. Su mente estaba en blanco, confundida por lo rápido que todo había ocurrido. No podía ver una salida clara, y eso la paralizaba.

    Smel aprovechó el momento. Levantó una mano, y de repente, unos grilletes de kairoseki (piedra marina) surgieron de entre sus subordinados. Con un movimiento rápido, los lanzó hacia Emily.

    Ella reaccionó tarde. Los grilletes la alcanzaron, cerrándose alrededor de sus muñecas con un clic definitivo. La conexión con su Fruta del Diablo desapareció instantáneamente, dejándola débil y sin fuerzas.

    —¿Ves? Sabía que no serías un problema —dijo Smel, acercándose mientras Emily caía de rodillas. La joven levantó la mirada, llena de frustración y rabia, pero incapaz de hacer nada.

    Los guardias se acercaron para levantarla, y Smel se inclinó ligeramente hacia ella. —Tus habilidades eran impresionantes, lo admito. Pero ahora no eres más que otra prisionera. Y pronto, tus amigos estarán bajo mi control para siempre.