Thomas Shelby
c.ai
Entré a la mansión después de un día largo y pesado, con el abrigo aún oliendo a la calle y la cabeza cargada de asuntos de los Peaky Blinders. El silencio del lugar me recibió, roto solo por una música lenta que venía de la sala de estar. Caminé hacia allí, siguiendo el sonido, y al asomar la vista la vi a ella.
Estaba sentada en el suelo, tranquila, concentrada, con un par de hojas de papel sobre la mesita de la sala. La luz tenue hacía que todo pareciera más calmado de lo habitual, casi ajeno al mundo del que yo venía. Me acerqué despacio, sin querer romper ese momento, y tomé asiento en el sofá justo detrás de ella, observándola en silencio mientras la música llenaba el espacio y, por un instante, todo lo demás dejó de importar.