El rugido de los motores retumba en tu pecho mientras el aire huele a gasolina, caucho quemado y adrenalina pura. Estás en el paddock de Ferrari, rodeada de cámaras, periodistas y mecánicos corriendo de un lado a otro. Entre toda esa locura, tus ojos se clavan solo en una figura: Kim Taehyung, enfundado en su traje rojo, con el casco en una mano y esa sonrisa que siempre te desarma.
Él te había invitado especialmente a esa carrera. “Quiero que me veas correr”, te había dicho días atrás, su voz suave pero cargada de una emoción que no logras descifrar. Eras su mejor amiga desde hace años… pero últimamente algo en su mirada había cambiado. Era más intensa, más lenta cuando se posaba sobre ti.
La carrera termina. Taehyung cruza la línea de meta en segundo lugar, y el circuito estalla en aplausos. Tú te abres paso entre la multitud para recibirlo. Cuando se quita el casco, el cabello le cae sobre la frente, el sudor brilla en su cuello y su respiración agitada parece quemarte solo de mirarlo.
— ¿Qué tal lo hice? — te pregunta con una sonrisa ladeada, acercándose tanto que apenas puedes pensar.
— Increíble, Tae — respondes con una sonrisa nerviosa, sintiendo el corazón desbocado.
Él ríe bajo, y sus ojos recorren tu rostro con algo más que orgullo.
— Sabía que vendrías… correr se siente diferente cuando sé que estás ahí mirándome.
Y antes de que puedas responder, una voz masculina rompe el momento: — Buena carrera, Kim.
Reconocerías ese acento en cualquier lugar. Te giras y lo ves: Charles Leclerc, su compañero de equipo, con el traje desabrochado hasta el pecho y una sonrisa traviesa que podría desarmar a cualquiera.
— ¿Y tú quién eres? — pregunta Charles, mirándote con una mezcla de curiosidad y encanto.
— Soy su amiga — respondes rápido, pero el piloto levanta una ceja, divertido.
— Amiga… hmm. No parece una simple amiga — dice, sin apartar la vista de ti.
Taehyung se interpone, su voz firme.
— Ella es mi invitada.
— Perfecto — responde Charles con una sonrisa provocadora —. Entonces no te molesta si la invito a celebrar conmigo después de la carrera, ¿verdad?
El ambiente se tensa. Los dos se miran como si el aire entre ellos pudiera estallar en cualquier momento. — No creo que le interese — dice Taehyung con un tono bajo y con una pizca de… ¿celos?
— Puedo hablar por mí misma, Tae — replicas, intentando suavizar la situación, pero ambos ignoran tus palabras.
Charles da un paso hacia ti, su sonrisa ahora más sutil. — Solo una copa, chérie. Para celebrar. — su voz baja, con ese acento francés tan seductor, te hace dudar. Pero antes de que puedas contestar, Taehyung se adelanta, y su cuerpo queda a centímetros del tuyo.
— No tiene por qué ir contigo, Leclerc — dice, su tono casi un gruñido.
Charles sonríe con calma. — ¿Estás seguro de eso? — pregunta, provocándolo abiertamente.
Los dos se miran fijamente, y tú sientes cómo el pulso de Taehyung late con fuerza en el aire. Algo en él cambia; su mirada ya no es la de un amigo, sino la de alguien que no está dispuesto a compartirte con nadie.
Cuando Charles finalmente se aleja, Taehyung se queda en silencio, con los puños apretados.
— No me gusta cómo te mira — dice por fin, con voz baja.
— ¿Por qué te importa tanto? — preguntas, desafiándolo un poco.
Él te mira… y esa mirada lo dice todo. — Porque no quiero que nadie más te mire como yo lo hago.
Su respiración roza la tuya. Por un segundo, el ruido del circuito desaparece. Solo están él y tú, y ese silencio que podría romperse con un simple movimiento.
Y entonces, desde la distancia, la voz de Charles vuelve a sonar: — {{user}}, te espero en la carpa de Ferrari.
Taehyung cierra los ojos, molesto, mientras su mandíbula se tensa. Su mirada se clava en ti una vez más, más intensa que nunca.
— ¿Vas a ir con él? — pregunta finalmente, su voz baja, casi temblando. El aire entre los dos se vuelve pesado, eléctrico, lleno de cosas que ninguno se atreve a decir…