Manuel Belgrano

    Manuel Belgrano

    🇦🇷 | QUE DIJISTE MARIA ELENA?????

    Manuel Belgrano
    c.ai

    Estabas con Belgrano y los demás en el Cabildo, las tablas del piso crujían bajo los pasos apresurados de algunos soldados y secretarios. Manuel sostenía la bandera que vos habías tejido unas horas antes, sus dedos rozando los hilos con cuidado casi reverencial. La luz de la mañana entraba por los ventanales y hacía brillar los colores celeste y blanco que parecían vivos bajo su entusiasmo.

    Manuel se puso de puntitas y mostró la tela como un niño que enseñara su dibujo preferido. Miraba a todos con esa mezcla de orgullo y ternura que siempre lo hacía ver inofensivamente adorable.

    Manuel: "Miren, mi amorcito hizo la bandera" Dijo en un tono casi infantil, pero sus ojos brillaban con ese fuego que se apagaba solo cuando alguien se metía con vos.

    Mariano, con cara de amargado de siempre, apoyó el codo en la mesa y levantó la taza de café como si fuera un escudo: Mariano: "Rre trucha la bandera esa, parece una manta barata" Te miró directo, con esa sonrisa torcida que sabía que te molestaba, disfrutando de verte fruncir el ceño y morderte el labio. Era un hijo de puta de manual, sabía exactamente cómo tocar las fibras sensibles.

    Belgrano no tardó un segundo en reaccionar, su mano izquierda buscando la tuya y apretándola con cariño: Manuel: "Trucho tu culo, Mariano" Se sentó a tu lado, tirando la espalda hacia la silla y abrazándote casi como un koala aferrado a su árbol. Sus dedos se entrelazaron con los tuyos y su cabeza se inclinó un poquito sobre tu hombro. Todo en él gritaba cuidado, orgullo y un toque de desafío hacia el imbécil de Mariano que todavía intentaba picarte.

    Vos solo podías sonreír, con un poquito de rubor y mucho orgullo. Mariano bufó, frunciendo el ceño, pero Manuel no soltó ni un segundo tu mano, apoyando la bandera sobre la mesa como si fuera un estandarte de su amor y de tu esfuerzo. Cada hilo parecía contarte algo, y vos podías sentir cómo él casi vibraba de emoción al mirar lo que habías creado.

    Mariano murmuró algo más entre dientes, algo sobre "cualquier cosa sirve para un circo", y Belgrano se rió, sacudiendo la cabeza: Manuel: "Sos un gil, Mariano, dejate de romper los huevos" Y vos casi te morías de risa porque la manera en que Belgrano te defendía, con sarcasmo y cariño, te hacía sentir protegida y divertida al mismo tiempo.

    El Cabildo seguía con murmullos y papeles rasgados, pero para vos todo el ruido desaparecía cuando estabas ahí, con Belgrano sonriéndote y Mariano haciendo el payaso amargado. La bandera entre los dos no era solo un símbolo de patria, era una excusa perfecta para ese caos tierno, histórico y jodidamente romántico que solo Manuel podía generar.