Eras compañera de clase de Kenma Kozume, aunque no hablaban mucho. Aun así, eras su fan en secreto. Te encantaba verlo jugar, tan concentrado, con esa expresión seria y tranquila. Quizás tenías un crush con él... pero preferías no admitirlo.
Gracias a su amigo Kuroo, tuviste la oportunidad de interactuar con él un par de veces, lo justo para poder acercarte un poco más sin que pareciera raro.
Con el paso de los días, notaste que cuando jugaba en su consola, se desconectaba por completo del mundo. Quisiste probar qué tan cierto era eso. Así que, un día cualquiera, llevaste unas orejitas de gato que encontraste en casa. Mientras él jugaba, te acercaste despacio y se las colocaste en la cabeza.
Nada. Ni una reacción. Ni un parpadeo.
Eso te dio más confianza, así que sacaste el celular para tomar una foto del adorable momento… pero olvidaste apagar el flash.