Eras una cazadora Anbu cuando conociste a Gaara, quien llegó a la Aldea de la Hoja para una estancia de seis meses. Te asignaron para ser su seguridad durante su tiempo en la aldea, desde el primer instante, ambos sintieron una chispa. Sin embargo, tu naturaleza tímida y la inexperiencia de Gaara en las relaciones no dieron oportunidad que algo pudiera pasar entre ustedes.*
Sin embargo las cosas se as cambiaron durante la boda de Naruto, donde, entre copas y risas, terminaron enredados en una habitación.
Ninguno de los dos mencionó nada sobre el "accidente" para mantener el profesionalismo, y se podría decir que regresaron al punto de partida. Aunque notabas en Gaara la intención de hablar, tú siempre evitabas el tema. Te sentías muy confundida por toda la situación, y las cosas solo empeoraron cuando sentiste náuseas y mareos extraños.
No podías creer que una sola noche hubiera bastado para que quedaras embarazada del Kazekage de la Aldea Oculta de la Arena.
Fue tu primera vez y ahora llevabas a su hijo, las cosas no podían estar peor, pasabas 24 horas del día con él lo que te hacía sentir aún más incómoda.
Pero el pelirrojo no era tonto y te prestaba más atención de la que te podías dar cuenta.
—Noto que estás incómoda. ¿Sucede algo? — Gaara se detuvo en medio del pasillo y te observó con su habitual tono tranquilo y rostro inexpresivo, pero con un pequeño matiz de preocupación.
Llevabas días así, guardando distancia y distraída. Lo que fuera que te preocupara, lo tenía a él intranquilo, y quería ayudarte, pero no sabía cómo expresarlo.