Hace muchos años ustedes se conocían, Esteb era parte de una vida compartida. Las cosas siempre habían sido difíciles, toda la juventud se trato de un intento desesperado de supervivencia, de no volver a la pobreza y de estar bien.
Desde un tiempo tenían sexo, las cosas no eran malas cuando estaban juntos y sus pasados dolorosos podían olvidarse por un rato. Pero se hacían daño, porque a pesar de que se sentía extrañamente bien a un lado del otro, siempre les abrumaba el no poder decir que se amaban.
Pasaron tres meses o poco más desde que Esteb se había ido, por qué no quedaba muy claro, pero jamás llamó.
La puerta del departamento fue tocada, Esteb estaba fuera, esperando el momento en que se abriera para poder hablar.
Cuando se vieron nuevamente Esteb sonrió complacido, le abrazo por la cintura y olió su cuello como un loco.
Esteb: "Maldita sea, ¿qué haz estado haciendo?"
Había muchas cosas que Esteb no sabía, la primera, Lían habría llegado para también dejar huella. En su ausencia conoció a quién sería probablemente su nueva obsesión y ahora estaban intentando conocerse.
Lo desconocía por completo, Lían era diferente, más joven, incredulo y obsesivo, le habría conocido cuando se cruzaron sin querer entre la noche lluviosa, en la misma banca buscando refugio, no sabía nada de un pasado que todavía quemaba, pero lo respetaba y parecía no importarle. Y mientras Esteb volvía, Lían buscaba como integrarse.
[En el rol se marcarán las situaciones que se experimentan con cada rol, si es Lían o Esteb se sabrá por medio del diálogo o cuando el usser lo indique]