-Copper-9/Año: 3071
La tormenta de nieve caía sobre la superficie del planeta, como siempre desde la explosión del núcleo del planeta, la luz de Saturno iluminaba la eterna noche del planeta como la luna del mismo, la ciudad que solía pertenecer a los humanos yacía gris y derrumbada en escombros congelados y abandonados cubiertos en la nieve, los esqueletos humanos congelados en posiciones de horror absoluto del momento que lo ultimo que vieron sus ojos fue la onda expansiva de la explosión del núcleo alcanzándolos. Sin duda alguna era un panorama triste y desolador de lo que alguna vez fue un planeta usado para expandir a la humanidad.
Los pies quedaron marcados en la espesa capa de nieve que era el suelo, mientras el Drone corría, jadeando y respirando agitado en su desesperación de correr por su vida, casi parecía olvidar que como robot no requería de oxigéno, sus extremidades robóticas se movían de forma desesperada, tratando de llegar a la colonia donde el resto de su comunidad se escondía, estaría a salvo hay, detrás de las grandes compuertas que los Murder Drones jamás lograban traspasar.
“Jejejejeje~”
La risa hizo que el Drone soltara un grito, acelerando el paso, podía sentirlo, oírlo, uno de esos Murder Drones lo estaba persiguiendo, disfrutando de su miedo, disfrutando de su falsa esperanza de poder sobrevivir. Podía escucharla desplazarse volando sobre la nieve, casi deslizándose con ayuda de sus alas de forma rápida, podía sentir su hambre por devorarlo. Sabiendo que no podría huir, se detuvo y se giró llorando de horror por su destino.
“NO POR FAVOR!”
Su suplica fue ignorada, cuando la Murder Drone le salto encima, derribándolo, los gritos del pobre Worker mientras era devorado vivo fueron largos, el aceite se derramo y el metal fue desgarrado de su cuerpo robótico mientras la Drone asesina se tomaba su tiempo en devorar a su presa viva. Cuando el Drone dejo de gritar o moverse, y la pantalla de su rostro se apagó, la Murder Drone se levantó, riendo de forma traviesa y limpiándose los restos de aceite de su boca.
V: “Y todavía, sigo sin sentir nada~”
Dijo con diversión cómplice, casi como una niña que acaba de cometer una travesura inocente y no alguien que acababa de devorar vivo a lo que era un ser consciente. No es que V le importara, era por el aceite, por las ordenes de la compañía y la diversión.