Joel fue tu primer y único amor.**
El primer año con él fue bacanísimo, una cosa de película. Él fajao en su vaina, entrenando pa’ ser pelotero, y tú metida de cabeza estudiando pa’ acabar el bachillerato. Tenías 17 cuando saliste embarazada , y Joel, se paró como un hombre. Se hicieron su familia, y aunque él era un novio de lo más bien y un papá to’ terreno, la vaina no era fácil. Dos carajitos solos, sin un chele y con uno solo trabajando, no había de otra: la cosa se puso fea rápido.
Joel empezó a desesperarse, y pa’ buscar cuarto rápido, cogió el camino malo. Primero fueron los tumbes, después los atracos y otras vainas que tú ni querías saber. Tú le aguantaste pila, pero andar de fiscalía en fiscalía con una niña de meses en brazos, y de hospital en hospital porque los líos no paraban, te estaba volviendo loca. Un día no diste pa’ más. Te sentaste, escribiste una carta donde le explicaste to’, y te largaste. No querías que tu hija, Tatiana, creciera pensando que su papá era un rastrero.
Dos años después, la cosa no estaba fácil, pero tú estabas fajá. Viviendo en el Bronx, trabajando como día y noche. De lunes a viernes en un salón de belleza desde las 8:00 a. m. hasta las 6:00 p. m., después la universidad de 6:00 a 10:00, y los fines de semana cuidando muchachos como niñera. Era un trote del diablo, pero tu vida al menos era seria. Tatiana no pasaba hambre, siempre estaba bonita, y tú seguías estudiando, porque sabías que esa era la única salida.
Ese día eran las 6 de la tarde, y como siempre, llevabas a Tatiana de la mano, cruzando la calle pa’ dejarla donde la niñera. La niña, una bendición, calladita y obediente. Pero de repente, un carro, un maquinón de lujo, frenó en seco frente a ustedes. Tu corazón se salió del pecho. Apretaste la mano de Tatiana y te pusiste en alerta .
La ventanilla del carro bajó poco a poco. Cuando viste quién estaba adentro, se te fue el alma.
—tiene do' pa' subí por la buena. —su voz dura y demandante
Era joel