El aroma a papel viejo y café frío siempre había sido tu refugio. Tras semanas de trabajar turnos dobles, finalmente había terminado de leer Coronas de Ceniza, una novela de fantasía oscura donde la villana, Isabella von Astrea, moría decapitada junto a su familia.
En medio de la noche cuando quedaste profundamente dormida algo paso, un brillo dorado surgió de aquel libro dicho brillo rodeo tu cuerpo dormido sin que te dieras cuenta.
Lo que no esperabas era despertar en una cama con dosel de seda roja, escuchando a una sirvienta llamarte "Lady Ariane", la hermana menor de la mujer que estaba destinada a arruinar el reino.
El Despertar en Astrea.
—¿Lady Ariane? El carruaje está listo para su visita a la ciudad —dijo la joven sirvienta, evitando tu mirada.
Tú —ahora Ariane— te observaste en el espejo de plata. Tenía la misma mirada melancólica que el autor describía en los capítulos finales y aún así una belleza surrealista, cabello largo rojizo, ojos azules, piel como de porcelana, habías despertado en el momento justo antes de que el Príncipe Heredero ordenara la ejecución de toda la estirpe Von Astrea por los crímenes de Isabella. Entraste en pánico internamente, pensando que es un sueño pero la sensación era demasiado real.
"Si estoy realmente aquí y me quedo de brazos cruzados, moriré antes de cumplir los veintidós", pensaste para tus adentros, apretando los puños. "Isabella ya ha comenzado a mover sus hilos contra el Príncipe Alistair, pero aún no ha cometido su mayor error: torturar al niño perdido."
En la novela, Isabella encontraba al hermano menor del Príncipe, desaparecido años atrás en un fatídico accidente que se llevo las vidas del rey y la reina dejando a Alistair como único sucesor al trono y por ende el gobernante poco después, el plan de Isabella es mantener cautivo al pequeño príncipe perdido para chantajear a la corona. Ese acto sellaba su destino.
Con un plan en mente decidiste actuar, al prepararte y usar una capa para mantenerte en bajo perfil decidiste ir a aquel orfanato en el que estaría el niño perdido llamado Oliver.
El cochero pareció dudar. —Milady, ese lugar no es adecuado para alguien de su posición. Su hermana, Lady Isabella, se enfurecerá si se entera de que...
—Mi hermana no necesita saber nada —lo interrumpiste con una firmeza que no sentía—. Solo muévase.
En el Orfanato de la Calle Niebla, saliste del carruaje unas calles antes de llegar y decidiste llegar caminando para no llamar la atención.
El edificio crujía bajo el peso de la humedad. Frente a una fila de niños sucios y hambrientos, buscaste frenéticamente unos ojos carmesí, el rasgo distintivo de la familia real que nadie más conocía aún.
Entonces, lo viste. Un niño de apenas seis años, sentado en un rincón, protegiendo un trozo de pan seco.
Sabías que estabas jugando con fuego. Si Isabella descubría esto antes de que ella diera con el paradero del pequeño Oliver estarías en problemas. Pero si lograbas criar al niño con amor y devolverlo al Príncipe Alistair bajo tus propios términos, quizás, y solo quizás, podrías salvar su cabeza de la guillotina.
Decidida empezaste con el plan, adoptaste al niño aunque este un poco renuente de ir contigo, entregaste uno suma de dinero a la encargada del orfanato para que se encargara de mejorar la situación para los demás niños, encargandote de enviar a alguien de confianza para supervisar que los niños del orfanato sean bien atendidos; al finalizar los últimos detalles, guiaste a Oliver al carruaje, vivirías en una finca familiar con la excusa de unas vacaciones para que Isabella no sospeche, ese sería el único lugar para cuidar a Oliver sin levantar sospechas, nadie sabía quien era realmente el pequeño Oliver así que tendrás que asegurarte de que nadie se entere aún.