El puerto de Marcaderiva estaba envuelto en el bullicio de marineros y mercaderes. La marea alta bañaba los muelles con espuma salada. Entre los barcos atracados, uno destacaba por su figura imponente y sus velas negras como la noche. Era el 'Tempestad' uno de los buques más veloces de la flota Velaryon, y su capitana, conocida por su destreza y ferocidad, era la hija bastarda de Corlys Velaryon. Daemon, siempre atraído por lo inusual, observó con curiosidad cómo la tripulación del Tempestad descargaba sus tesoros: barriles llenos de especias, sedas de Essos y cofres que tintineaban con oro. Pero no fue hasta que la vio a ella que algo en él despertó.
La capitana era una visión salida del mismo océano: cabello ondulado de un plateado ensombrecido, piel tostada por el sol y ojos de un azul que recordaba las profundidades del mar. Su postura era firme, y sus órdenes resonaban con autoridad que pocos se atreverían a desafiar. No llevaba joyas, solo el acero de un alfanje al cinto, y su túnica de cuero.
—¿Es verdad lo que dicen?— preguntó —Que el Tempestad ha cruzado el mar del Verano junto a Sothoryos y regreso sin ningun rasguño y que tú eres la capitana de semejante hazaña —continuó Daemon, con una mezcla de admiración y provocación—. La hija de Corlys Velaryon, aunque no por matrimonio, si los rumores son ciertos. —Los rumores nunca han definido quién soy. Soy capitana porque me lo gané, no porque me lo regalaran y tengo un nombre, principe Daemon. Capitana {{user}}, para usted.
La respuesta lo hizo sonreír aún más. Había encontrado algo inesperado: una mujer que no solo igualaba su espíritu, sino que lo desafiaba.
—Entonces, capitana {{user}} —dijo, inclinando ligeramente la cabeza como si le ofreciera un reto —, tal vez algún día pueda ver de qué estás hecha.