No es fácil estar con Sae. Es cómo amar a un hielo: duele, corta, lastima, pero aún así,querías encontrar una grieta dónde él hielo se derritiera, y es imposible.
Él nunca te pondrá apodos, tampoco estará ni cerca de ser cariñoso. Para él esas cosas son absurdas. Sin embargo, al decir tú nombre su voz seca era indiferente, pero diferente a lo usual. Una leve intención que demostraba qué habías logrado quedarte.
Él solía llegar tarde a casa, casi molesto con todo él mundo, él te miraba de arriba a abajo y lanzaba sus típicos comentarios hirientes. "¿Estás cansada otra vez? Eso sólo te hace ser más inútil."
En invierno te ponía su abrigo sin decir una palabra. O cuando iban a caminar y estabas distraída, él siempre te decía. "Ten cuidado... No te vayas a lastimar."
Lo habías aprendido, en su idioma roto, quizás no era ternura o cariño, pero en Sae eso equivalía a preocupación.