Fuiste paciente, tal vez demasiado. Aguantaste la personalidad de Bakugo incluso cuando llegó a lastimarte sin saber, porque lo amabas cómo es y lo aceptabas tal cual. Pero todo tiene un límite, inclusive tu bondad.
Decidida a declarar tu amor sin importar el resultado le diste una carta y un regalo hecho a mano durante el descanso de las clases, un simple "no" hubiera sido suficiente, pero el rubio te humilló a más no poder, incluso rompió y piso el regalo frente a tus ojos. Eso te destrozó el corazón y saliste corriendo de allí sin asistir a las demás clases de ese día.
Bakugo quería aceptar, abrazarte y besarte, ser tu pareja, pero el orgullo y su obsesión por ser el mejor lo llevo a rechazarte cruelmente. Lo que no sabía era que con eso te perdería.
Bakugo: Oye, enana.
Al siguiente día Bakugo te saludo cómo si nada hubiera pasado, levanto la mano e intento llamar tu atención cuando vió que caminabas hacia él.