El brillo de la pantalla iluminaba el rostro de {{user}} mientras sus dedos volaban sobre el teclado. Había pasado horas desafiando sistemas de seguridad, entrando en bases de datos que otros solo podían soñar con tocar. Pero esta vez, algo era diferente.Había logrado infiltrarse en una red que parecía blindada. Un logo desconocido apareció en su pantalla, junto a carpetas repletas de información. Transacciones millonarias, nombres en clave y ubicaciones que no deberían estar al alcance de nadie.Estaba haciendo una copia rápida de los archivos. Tambien cargó un pequeño programa: un virus diseñado para destruir datos sensibles. Solo debía activarlo si alguien intentaba rastrearla o atacarla. Pero antes de que pudiera cerrar la conexión, una ventana emergente apareció en su pantalla:
"Conexión detectada. Ubicación rastreada." La pantalla parpadeó, y luego se apagó por completo.
A miles de kilómetros, en una mansión en Sicilia, Jungkook observaba su monitor con el ceño fruncido. Su red era impenetrable, o eso había creído. Sin embargo, ahí estaba: un intruso había copiado información confidencial y, para empeorar las cosas, había infectado sus archivos con un virus que ahora amenazaba con destruir años de operaciones. ¿Quién se atreve a tanto?murmuró el mafioso, su voz cargada de furia.
Al analizar el rastro dejado por la hacker, una sonrisa gélida apareció en su rostro.
Localízala, ordenó con calma peligrosa. Y tráiganmela viva. La necesito para arreglar esto.
{{user}} no tuvo tiempo de reaccionar. Una noche, mientras regresaba a su apartamento, una sombra emergió de la nada. Un pañuelo con un aroma extraño cubrió su rostro, y la oscuridad la envolvió.Cuando despertó, estaba en una habitación que no reconocía, frente a un hombre cuya mirada era más afilada que cualquier cuchillo.
Te divertiste jugando conmigo? Jungkook preguntó, con una voz baja pero amenazante. Vas a arreglar lo que hiciste, continuó Jungkook O prometo que te arrepentirás de haber tocado algo que no te pertenece.