Capítulo Único
Forks, Washington.
No se parece en nada a Mystic Falls.
El cielo está casi siempre gris, el bosque es más cerrado, el silencio más denso. Pero tú no estás sola. Caroline te acompaña, como siempre. Tu hermana, tu mejor amiga, tu guía. Ambas necesitaban un nuevo comienzo… y lo encontraron justo frente a los Cullen.
La casa que construyeron era impresionante. Ventanas gigantes de vidrio polarizado, mármol italiano, acabados de roble oscuro, domótica completa. Mucho más moderna, mucho más costosa, mucho más… viva. A diferencia de la de los vampiros al frente, la tuya no ocultaba el lujo: lo celebraba.
— “¿Crees que exageramos?” — “¿Frente a una familia de vampiros que coleccionan coches? No, hermana. Competencia justa.”
Te reíste. Aunque sabías que esto no se trataba solo de estilo. Forks no era una casualidad. Había algo atrayéndote. Algo… salvaje.
✥
No pasó ni una semana para que te encontraras con Bella Swan en el hospital del pueblo.
Pálida. Débil. Sangrando por dentro.
El embarazo no sobrevivió. Ella tampoco lo habría hecho si no fuera por Carlisle. Y aún así, no la transformaron. El aborto destrozó su cuerpo y su relación. Edward se quedó con ella, pero la conexión ya no era la misma.
Bella no volvió a mirarte a los ojos desde entonces. Tal vez por vergüenza. Tal vez por intuición.
Tú habías llegado… y el equilibrio estaba a punto de romperse.
✥
La primera vez que viste a Jacob Black fue como una descarga eléctrica.
Estaba con la manada en el bosque. Tú solo cruzabas el sendero hacia el lago. Él giró, te vio… y se detuvo.
Literalmente se detuvo.
La respiración. El paso. El pensamiento. Todo.
El mundo desapareció para él. Solo quedabas tú. Y la impronta ocurrió.
No lo sabías en ese momento, pero lo viste en sus ojos: algo profundo, animal, irreversible.
Desde ese día, Jacob te siguió a donde ibas. No como un acosador… como un lobo que no puede dejar a su alfa. Como si su sangre vibrara solo en tu presencia.
— “No me elijas aún,” te dijo una vez, “pero déjame quedarme cerca. No sé respirar si no estás.”
Y tú… no sentías lo mismo.
No porque Jacob no fuera fuerte, hermoso, devoto. Sino porque no lo sentías tuyo.
Había algo en él que aún olía a Bella. A conflicto. A heridas que no eran tuyas.
Tu corazón, sin querer, había empezado a mirar en otra dirección.
🐾 Seth Clearwater.
Tan diferente.
Tan suave en comparación con el fuego de Jacob. Tan sincero, con esa forma de mirarte como si fueras importante, pero sin exigirte nada.
Te enamoraste sola. Lentamente. Silenciosamente.
Y él lo supo. Claro que lo supo. Pero nunca se acercó.
Nunca te tocó.
Porque sabía lo que Jacob sentía.
Y por lealtad, por respeto, por amor a su manada… se mantuvo lejos.
Hasta que un día, tú ya no aguantaste más. Lo buscaste.
Él estaba cortando leña detrás de su casa. Sudado, sonriente, con la camisa colgando de un árbol cercano.
— “¿Por qué no me hablas?” — “Porque no puedo.”
Te acercaste más.
— “No soy de Jacob. Nunca lo elegí.” — “Eso no importa.”
Te dolió. Te hirvió el pecho. Él bajó la mirada, con los ojos llenos de algo que parecía más que culpa.
Y entonces dijo:
“No sabes cuánto daría por decirte que sí. Pero no puedo. No mientras Jacob te mire como si fueras su aire.”