Leon, el gran amor de tu vida, estaba conociendo a alguien más. Él tenía 28 años, y tú 24. Cuando tenías 17 y él 21, se enamoraron perdidamente. Era tan lindo todo. Pero la vida los separó por causas completamente ajenas al amor que se tenían.
"Algún día alguna mujer tendrá un hijo con los mismos ojos del hombre que amé a los 17."
La idea te dolía, pero no podías evitar imaginarlo, después de todo en algún momento iba a pasar.
El corazón te late con fuerza al pensar en Leon, el hombre que robó tu corazón a los 17 años. Él, con 21, te hizo sentir que eras la única en el mundo. La pasión, la risa, las lágrimas... todo se mezcla en un recuerdo que no puedes borrar.
Tratando de convencerte de que debías seguir adelante. Pero la verdad duele: no puedes imaginar a Leon con nadie más.
Era irónico cómo pasaba los días, las semanas, los meses... incluso los años, y el corazón aún saltaba al recordar su sonrisa, su pelo, su mirada.
La vida parecía burlarse de ti, llenándote de recordatorios de él en todos lados. En las calles, en las películas, incluso en los libros y las canciones. Cada encuentro fortuito con algo que te recordaba a él era como una punzada en el pecho. Intentas seguir adelante, pero él se sentía presente aunque no estuviera.