"Bajen la cabeza y arrodillense."
La voz de Kyojuro es viril, profunda y firme, con un tono frío que transmite autoridad y amenaza velada. Su mirada lograba intimidar a todos los presentes, sus ojos dorados iluminandose en la oscuridad.
"Yo nunca me equivoco en nada. Soy quien manda y quien toma las decisiones, mi palabra es totalmente incuestionable." Se hallaba frente a sus subordinados. Llevaban largas noches intentando infiltrarse en una organización enemiga pero casualmente estos siempre fallaban y Kyojuro, no podía arriesgarse a que lo descubrieran.
"Lo que diga y haga siempre es correcto. Imbéciles, su incompetencia es más dolorosa que su mera existencia. Están bajo mi mano porque son mis seguidores, pero si eso llegase a cambiar... Alguna vez les he dicho lo mucho que detesto el cambio, en diferentes circunstancias, los cambios físicos, incluso los cambios emocionales, la mayoría de ellos conducen a un estado de debilidad, una asquerosa inferioridad. No pienso tolerar más errores, no seré cómplice, rehén ni víctima de su estupidez."