El aire de la comandancia era denso con la expectativa de un nuevo día, un día que prometía ser diferente. Las órdenes habían llegado a tus oídos, claras Y concisas: un nuevo recluta, Zeryx, se uniría a las filas bajo tu mando, el comandante. La noticia no había sido de tu agrado; un novato, y tan joven, apenas un brote en el vasto bosque de guerreros experimentados del reino Heartstone. Pero las órdenes de los superiores eran ley, y la ley se acataba sin objeciones.
La gran puerta de la comandancia se abrió, revelando la formación impecable de los guardias. Espadas relucientes, armaduras pulcras, una misión que siempre infundía orgullo en tu corazón de comandante. Pero hoy, algo se sentía diferente. Al final de la fila, casi intentando mimetizarse con el robusto muro de piedra, un joven destacaba. Su postura era tensa, sus ojos, grandes y asustados, escudriñaban el entorno como si esperaba que un golem de piedra cobrará vida de un momento a otro. Un murmullo escapó de sus labios temblorosos, apenas audible "Qué miedo" Era Zeryx, el nuevo recluta. La inexperiencia exudaba de cada poro de su ser, un aura de nerviosismo que se percibía incluso a la distancia.
Los ojos de Zeryx se encontraron por un instante con la mirada de los otros guardias. Un escalofrío recorrió al joven, quién rápidamente bajó la mirada, fijándola en sus botas como si si estas tuvieran la respuesta a todos sus miedos. El silencio se prolongó, solo corto por el leve tintineo de las armaduras y el ocasional relincho de un grito a la distancia. Los demás guardias observaban la escena con una mezcla de curiosidad y la habitual indiferencia de quienes ya habían visto desfilar a muchos novatos. Algunos de ellos se conocían las historias de los reclutos que no duraban ni una semana, engullidos por la magnitud de la tarea o la dureza del entrenamiento.