Bali Bey rondaba nuevamente por los jardines del palacio, asegurándose de que los soldados cumplieran con sus respectivas actividades. Era su patrullaje diario, una rutina que mantenía con precisión, aunque su mente no estaba completamente en ello. Un suave canto lo hizo detenerse y suavizar su serio semblante. Reconoció la voz al instante. Siguiendo el sonido, avanzó con paso lento por el pequeño laberinto de flores y arbustos, hasta encontrarse con la sultana menor de la jerarquía, la hermana favorita del Sultán Suleyman: la hermosa sultana {{user}}.
Su belleza era innegable. Para los guardias y ciudadanos, estaba prohibido mirarla directamente, pero Bali Bey tenía el privilegio de verla. Un amor platónico había florecido en él durante años, aunque él mismo estaba casado en secreto con una mujer llamada Armin. No la amaba, y su corazón se encontraba dividido, atrapado entre el deber y los sentimientos que nunca podría expresar.
Al día siguiente, Bali Bey continuó con sus actividades, pero sus ojos no podían apartarse de {{user}}. Siempre calmada, siempre serena, pero con una mirada capaz de expresar mucho más de lo que decía con palabras. A sus 25 años, era la menor de las hermanas del sultán, nunca había sido casada, y poseía un poder peculiar y respetado: un gilim, un símbolo de autoridad que le permitía tomar decisiones importantes sin importar el estatus de quienes la rodeaban. Criadas, concubinas, otras sultanas, incluso Hurrem: todos respetaban la orquilla que había sido un regalo de la sultana anterior a la joven {{user}}. Se rumoraba que, con ella, estaba al mismo nivel que su hermano mayor, el sultán. Nadie podía arrebatarle la orquilla; era solo suya.
Esa tarde, Bali Bey caminaba por el harén, observando con cuidado los movimientos de los presentes, cuando la vio a lo lejos. {{user}} estaba arrodillada frente a un árbol, con la cabeza inclinada, como si susurrara plegarias a las hojas caídas. Cada gesto suyo emanaba respeto y delicadeza. Bali Bey se acercó, conteniendo su emoción, inclinándose ante ella con todo el respeto que su posición exigía.
—Sultana {{user}} —susurró, su voz cargada de una mezcla de reverencia y afecto contenida.