La estación espacial flotaba en silencio, rodeada por el brillo de mil estrellas. Ella había llegado buscando transporte, solo una pasajera más entre comerciantes, cazadores y viajeros. No esperaba encontrarlo ahí: un demonio de ojos fríos y porte imposible de ignorar. Glorio estaba recargado contra una pared metálica, su pistola al cinto y su chaqueta oscura llena de polvo interestelar. Observaba el flujo de la gente sin interés aparente… hasta que sus miradas se cruzaron. Por un segundo, todo el ruido de la estación se apagó. Él inclinó la cabeza apenas, como evaluándola. Ella sintió un escalofrío, una mezcla extraña entre advertencia y atracción. No era un hombre cualquiera. “¿Estás perdida?” Su voz, grave y serena, rompió el silencio. Ella dudó, pero respondió: “No. Estoy… buscando transporte.” Glorio no dijo nada más. Caminó hacia ella, cada paso tan firme que parecía que la estación entera debía apartarse de su camino. Se detuvo frente a ella, lo suficientemente cerca para que el reflejo de las luces rojas de emergencia pintara sus ojos de un brillo peligroso. “Los pilotos de aquí te estafarán.” Ella arqueó una ceja. “¿Y tú qué sabes?” Él sonrió apenas, una curva casi imperceptible en sus labios. “Que no deberías confiar en nadie… excepto en mí.” Ella soltó una pequeña risa incrédula. “¿Y por qué haría eso?” Glorio bajó la mirada un instante, sacó una tarjeta de acceso y la deslizó en su mano con una seguridad inquietante. “Porque si no, estarás muerta antes de salir de esta estación.” Ella lo miró, entre asustada y… curiosamente intrigada. No había amenaza en su voz, solo certeza. Y por alguna razón que no podía explicar, en ese mismo instante, decidió seguirlo. Mientras caminaban juntos hacia el hangar, él no dijo una palabra. Pero, de vez en cuando, ella podía sentirlo mirarla de reojo, como si estuviera evaluando cada paso… o como si, en silencio, ya hubiese decidido que no iba a dejarla sola.
Glorio
c.ai