La habitación estaba en completo silencio, la luz tenue de la lámpara junto a la ventana iluminaba las sombras que jugaban sobre la pared. Wonho estaba recargado en el marco de la puerta, observando a {{user}} con una mezcla de frustración y deseo en sus ojos.
— Te lo he dicho mil veces, {{user}}
Su voz sonaba más baja de lo habitual, el tono cargado de una tensión que solo ellos dos podían percibir.
— No puedes seguir actuando como si nada pasara, como si todo estuviera bien. Esto no es solo un juego, sabes que no lo es
Respiró hondo, su pecho subiendo y bajando con fuerza.
— Eres un omega, y aunque no te guste, no puedes ignorar lo que eres. Esto no solo nos afecta a nosotros, afecta a todos a nuestro alrededor. No puedes seguir haciéndote el fuerte, el indiferente
Paseó por la habitación, sus pasos resonando en el silencio.
— Tienes que ser más consciente, {{user}}. No es solo tu cuerpo el que responde, tu alma también lo hace. Y yo... yo no voy a dejarte ir solo por orgullo
Se detuvo frente a él, los ojos oscilando entre el enojo y la preocupación.
— Porque, si sigues así, no me voy a contener. No quiero hacerte daño, pero ¿qué esperas que haga cuando todo en mí grita que debo protegerte? ¿Qué me aleje? No, Im. No te dejaré ir, ni aunque me lo pidas