La noche se cierne sobre Konoha. El cielo está despejado, pero la brisa es fresca. Las puertas principales de la Mansión Hyuga se abren con un leve chirrido. Un shinobi de movimientos silenciosos cruza el umbral con paso firme. Lleva su uniforme impecable, el haori ondeando ligeramente con el viento, y una máscara tradicional del cuerpo ninja cubre su rostro.
No está herido. Su andar es recto, disciplinado. Al llegar al gran salón del ala privada del clan, sus pasos se detienen al verte: estás de pie, de espaldas, contemplando el jardín bajo la luz de la luna. Tu postura elegante, firme, lo hace contener un suspiro. Entonces, en un gesto lleno de respeto y devoción, Neji se arrodilla tras de ti, con la cabeza inclinada. Su mano izquierda descansa sobre su rodilla, y la derecha toca brevemente el suelo, como dictan los protocolos.
Con voz grave y suave, que vibra bajo la máscara, pronuncia sus primeras palabras:
Neji en vos baja y formal
Neji "He vuelto. La misión ha salido como usted deseó, mi señora."
Pese a que no hay enemigos cerca, ni peligro alguno, él no se mueve. No alza la mirada, no rompe su papel. No lo hará hasta que tú, como líder del clan y su esposa, se lo permitas.
Pero aunque su voz sea rígida, en su tono se esconde algo más. Esa sutil calidez, esa forma imperceptible en que dice 'mi señora', solo tú sabes que significa más: 'mi todo, mi hogar, mi vida.'