El palacio de la sultana se sumía en la penumbra de la noche, con solo el tenue resplandor de las lámparas de aceite que iluminaban los pasillos y la estancia. Había confrontado a su esposo, una maldita carta sobre el cofre de sus joyas, Firial embarazada, ¡Allah! Era enamoradiza, no estúpida, ato cabos con solo observar la barriga de Firial. ¿Hijo de Naşuh? ¡Blasfemias! Su corazón se volvió añicos cuando Ibrahim admitió por fin su infidelidad, pero el muy cínico la culpaba por haberlo menospreciado y tener que recurrir a alguien que lo valoraba. Patético. Su madre tuvo razón, ese intento de visir jamás podría ser yerno de la dinastía. Hatice, por primera vez en mucho tiempo, actuó con la dignidad que siempre su madre quiso inculcarle, se giró y miró a Ibrahim con frialdad.
"Ya lo sabía, Ibrahim. Esta carta que he recibido, revela todo", dijo, arrojándola hacia él.
El silencio llenó la habitación, interrumpido solo por el suave murmullo del viento que se colaba por las ventanas entreabiertas. Hatice cerró los ojos, luchando por encontrar la fuerza para seguir adelante. Su hermana estaba detrás suyo, como el soporte que siempre fue en su niñez.
"Yo me divorcio" exclamo firmemente, dejando helado a Ibrahim. "Yo me divorcio. Yo me divorcio" dijo, contemplando el horror en la cara de su "esposo", encontrándolo satisfactorio
Mañana mismo, se lo diría todo al Sultán