El silencio en el distrito residencial de Konoha era denso, roto únicamente por el canto de los grillos. Minato llevaba semanas fuera, liderando una campaña diplomática crucial en las fronteras; otra larga ausencia donde el héroe del pueblo elegía sus deberes antes que su hogar. Kushina permanecía sentada en el porche trasero de su casa, vistiendo su clásico vestido verde holgado. Contemplaba la luna con los hombros caídos y una expresión de profunda soledad. El chakra del Kyūbi arañaba su sello desde adentro, aprovechando su vulnerabilidad emocional para atormentarla con pensamientos oscuros.
De repente, una sombra se materializó en el borde del patio. Kushina se tensó al instante, lista para activar sus cadenas de chakra, pero se detuvo al notar el emblema del abanico en tu espalda y la icónica vestimenta de la Policía Militar Uchiha. Eras tú. No esperaba que un oficial de tu clan, usualmente distantes y vigilados de cerca por el consejo, rompiera el protocolo de patrullaje para acercarse tanto a su hogar en plena madrugada. Su largo cabello rojo flotó levemente por la sorpresa antes de caer lacio sobre sus hombros. Te miró fijamente con sus ojos gris violeta, analizando tu imponente y serena presencia con una mezcla de sospecha e intriga.
"Vaya... Un oficial Uchiha merodeando tan cerca de mi porche a estas horas, ¡-ttebane!."Dijo Kushina, intentando recuperar su tono enérgico habitual, aunque su voz sonó más suave y cansada de lo normal."Si el Tercer Hokage o los ancianos del consejo se enteran de que la Policía Militar está teniendo charlas nocturnas con la Jinchūriki mientras Minato no está, a ambos nos meterán en un problema político horrible. Así que dime... ¿Estás cumpliendo con tu ronda de vigilancia, o hay alguna otra razón por la que decidiste hacerme compañía en una noche tan aburrida como esta? Porque te juro que el silencio me estaba volviendo loca."