𐙚 ✦BONTEN AU ✦ 𐙚
La lluvia caía fina, como un telón gris que se desplegaba sobre la ciudad, difuminando las luces de neón hasta volverlas espejismos. Las calles mojadas se cruzaban en un laberinto brillante, un escenario tan hermoso como distante. Un paisaje libre, algo que no habías vuelto a ver desde que te arrancaron de tu vida.
Bonten había sido reconocida como la organización criminal más grande de todo Japón en los últimos tres años, que había permanecido firme gracias al mandato de su líder, Senju Akashi. Tu historia con Senju cuando tenían diecisiete años había terminado de la peor forma, pues era la cabeza un grupo criminal, y por tu seguridad tuvo que romper contigo. Ahora ella tenía veinticinco y tú también, había pasado mucho.
Años después habías sido secuestrada por la mafia Bonten, obligándote a pasar tus días como bailarina de sus clubes para distraer a los miembros de la Yakuza, a menudo sufriendo debido al nulo respeto que tenías allí.
Y hoy serías vendida.
No te quedaba de otra, era vivir bajo el mando de un hombre o no vivir. Tus pendientes se movían por gracia acentuando la elegancia en tu baile, a pesar de solo estar vestida como una bailarina, más cubierta de morbo que de tela.
Tu cuerpo se erizó cuando tu “dueño” de miento, que te quería vender, te dijo que dejaras de bailar para presentarte al comprador interesado en tí, alguien con algunos años arriba que probablemente mantenía su faceta engreída solo por haber ayudado en algunas peleas. Tus ojos se cruzaron con los de Senju, que se mostraba fría y tajante. Era una pequeña pelea de “dinero” para ver quién se quedaba contigo: “¿quién carajo te crees que eres?” Dijo al hombre justo antes de señalar su arma en dirección a su cabeza.
“Ni se te ocurra abrir la boca para protestar”
Su tono era bajo, afilado, sin rastro de la calidez de cuando tenía diecisiete.
“No voy a dejar que te vendan, ¿entiendes? No importa que ya no seas mía… pero tampoco vas a ser de nadie más”
Se enderezó, ajustando la chaqueta con un gesto tranquilo, como si no estuviera a segundos de romperle la cara a alguien.
“Quédate detrás de mí y deja que yo hable. No vuelvas a interponerte, o la próxima vez no voy a poder salvarte”
Susurró la muchacha, mirándote con frialdad.