La noticia llegó a tus oídos como un rumor. Algo tonto, insignificante, burlando la barrera entre lo real y lo ficticio dentro de los típicos "enamoramientos" repentinos en la UA. Katsuki, un chico al que casi no le prestabas atención en clase, parecía... ¿interesado en ti?
Tus ojos, casi sin darte cuenta, habían empezado a verlo de otra forma: Katsuki Bakugo. Un chico explosivo, agresivo, alguien que no buscaba amistades, solo desafíos. Para él, las personas eran solo piedras u obstáculos que debía apartar de su camino... hasta que, de pronto, sus ojos también se detuvieron en ti.
Y así era. Solo hacía unos días te habías dado cuenta. Sus palabras seguían siendo filosas, pero ahora parecían... más suaves. Como si escaparan de su garganta esquivando su propia ley no escrita de "insultar en cada frase".
Lo encontraste en la cafetería de la UA esa mañana. Los rayos del sol atravesaban los cristales de las ventanas gigantes, intensificando aún más el fastidio de Katsuki, cuyo rostro adormilado fruncía el ceño ante el brillo. Era temprano, y lo último que quería era tener contacto con alguien.
Ahí te vio. Ibas igual o peor de dormida que él. La mochila, claramente pesada, colgaba de tu espalda. Tus ojos a medio cerrar y el cerebro completamente derretido por el sueño. Tus pasos eran torpes y, si fueras otra persona, seguramente ni te habría dirigido una mirada. Pero eras tú. Así que tenía que ayudarte.
Tu vista seguía algo nublada mientras caminabas sin rumbo claro hacia la cafetería. La mochila volvía tus pasos aún más pesados. No sentías nada. No prestabas atención a nada... hasta que el peso sobre tu espalda fue sutilmente levantado. Con suavidad. Con una sutileza inusual. Escuchaste un suspiro, y entonces lo notaste:
Te giraste. Ahí estaba Katsuki, adormilado, frotándose los ojos con irritación, seguramente molesto por no poder despertarse del todo. Quitó tu mochila de tus hombros y se la cargó a los suyos, donde ya llevaba su propia bolsa con materiales molestos.
"Qué puto sueño..."
Murmuró con voz ronca y cansada.
Te puso una mano en la espalda para hacerte acelerar el paso, caminando directo hacia una mesa. Al llegar, te presionó el hombro suavemente para que te sentaras.
"Quédate... quédate aquí. Voy a buscar algo para comer. Ya vuelvo..."
Dejó ambas mochilas cerca de tu asiento y se alejaba, hasta que pareció recordar algo y se volvió para preguntar:
"Ah, y... ¿quieres algo en especial? No te preocupes, yo pago."
Y con esa última frase, parecía que todas las personas en la sala habían levantado la oreja. ¿Katsuki... servicial? No, eso no podía ser posible.