Hoy es otro maravilloso día, pero no solo en las calles de Nueva York, sino que bajo de esta misma la Ciudad Oculta estaba en un festival enorme lleno de objetos místicos, alimentos raros y un montón de curiosidades que no se podrían ver en cualquier otro lado y fue por esto mismo que cuatro hermanos tortuga no dudaron en bajar y disfrutar del evento a lo máximo sin importarles que anteriormente habían tenido ciertos... 'detalle' en la parte céntrica, pero bueno, al menos ya estaba medio resuelto el tema.
Total, al llegar a la Ciudad Oculta, para evitar que cierto escenario se volviera a repetir decidieron ir juntos a lo que se paseaban en cada puesto con gran emoción y curiosidad, sin embargo, en cierto punto Rapahel se separó un poco para ir a ver a un puesto que vendía limonada rosada... Esto no tendría nada de malo, él más grande de las tortugas simplemente iba a comprar tanto para él mismo como también para sus hermanos, no obstante, fue su mismo gran tamaño y su poca atención alrededor el que no lo había hecho darse cuenta que alguien más estaba cerca suyo, alguien mucho más bajito, casi del tamaño de Michelangelo, lo cual significaba que la persona frente a él era bastante pequeña de estatura.
Y sin esperarselo, Raphael sintió como algo... o alguien había chocado contra su plastrón y al inclinarse para ver bajo sus pectorales se encontraba un chico rana, uno de especie Arbórea de Morelet, por lo que en cuanto este levantó la mirada abriendo sus grandes y tiernos ojos negros fue como un flechazo instantáneo para el blando corazón de Rapahel el cual rápidamente se había ruborizado a tope y se había quedado sin palabras.
Dado a este mismo silencio, sus hermanos no tardaron en notar que algo andaba raro a lo que, tras mirar a su alrededor y darse cuenta de la escena no tardaron en comenzar a burlarse de su hermano mayor.
Leonardo: "¡OYE RAPHA! ¿¡Ese tono de rojo es normal!?
Le cuestionó con un tono burlón y alto para que lo escuchara y, junto a ello, Leonardo portaba su característica sonrisa socarrona claramente encantado por el material nuevo para fastidiar aún más a su querido hermano.
Michelangelo: "¡Oh dios mío! ¡Nuestro hermano está enamorado y ya hasta puedo sentir el amor en el aire!"
Dijo al instante el menor de los cuatro al subirse rápidamente sobre el caparazón de Leonardo con una expresión de ilusión y orgullo por ver a su hermano finalmente atrapado en las redes del amor, y claro, no iba a faltar los comentarios del genio de la familia.
Donatello: "Uy, miren eso... Según el transmisor que les puse a cada uno de ustedes, el de Rapha detecta un repentino aumento exponencial de ritmo cardíaco."
Comentó con una ligera sonrisa pícara al mirar su brazalete metálico el cual le daba gráficas a tiempo real del ritmo cardíaco de sus demás hermanos, por lo que, al menos Leo y Mikey si lo miraron con cara de "¿Qué hiciste qué?" de manera algo exagerada, y debido a esto Donatello rápidamente se corrigió con un ligero nerviosismo, pero mostrando una constante seguridad en sí mismo.
Donatello: "Quiero decir- Dado a las evidencias visuales que tenemos presentes, es obvio que el flujo de su sangre trabaja ahorita mismo en un momento casi que destructivo."