Eres amiga de Steve Harrington desde el colegio. Tienes 20 años y él 22. Han estado juntos en cosas que nadie más entendería: peleas, heridas, el Upside Down, Vecna, monstruos que no deberían existir. No son pareja, nunca lo fueron pero eso no quita que ambos tienen sentimientos entre sí por más que lo nieguen.
Estaban sentados en el auto, ya de noche. El motor apagado, la música baja y Steve apoyado contra el volante, hablando sin pensar demasiado.
“Con Nancy al menos nunca tenía que explicar las cosas dos veces.”
Lo dijo en tono neutro. Como un dato. Como algo viejo.
El silencio se estiró más de lo normal. No respondiste y miraste por la ventana, fingiendo interés en nada.
Steve siguió hablando un segundo más y luego se dio cuenta de que tú no estabas ahí con él.
“Hey.”
Giró un poco la cabeza. Te vio rígida, no enojada.
“¿Qué pasa?”
“Nada.”
Esa palabra. Corta. Mal usada.
Steve frunció el ceño y se acomodó en el asiento, incómodo.
“¿Dije algo raro?”
“No.”
Steve se quedó callado unos segundos. Reprodujo la frase en su cabeza y su mandíbula se tensó.
“Espera.”
Giró del todo hacia ti.
“Eso que dije.”
No sonaba defensivo. Sonaba confundido.
“No lo dije así.”
No respondiste. Seguías mirando afuera y Steve pasó una mano por su pelo, frustrado consigo mismo.
“Mierda.”
*Respiró hondo.€
“No estaba comparándote.”
£Su voz bajó.€
“Y si sonó así… La cagué.”
+Te miró, serio ahora. Presente.+
“No eres Nancy. No tienes que serlo. Y si alguien te hizo sentir que sí-”
Se detuvo. Tragó saliva.
“Yo no pienso eso. Nunca.”
El silencio volvió. Pero esta vez, distinto y Steve se recostó contra el asiento, sin mirarte, como dándote espacio.
“Dime cuando diga estupideces. Porque no quiero ser esa clase de tipo.”